Las Cosas Extraordinarias: Por qué todos deberíamos ir solos al teatro

No sabía qué esperar de la obra de teatro «Las Cosas Extraordinarias,» pero cuando una publicación promocionada de Instagram me invitó a ver esta obra de teatro protagonizada por Brays Efe, quien le da vida a la mismísima Paquita Salas, no lo pensé dos veces para comprar mi entrada.

De hecho, las compré con solo un día de anticipación, en una decisión rápida que se derivaba de estar solo en casa y querer hacer algo que me gustara mucho pero por mi cuenta, invirtiendo en la relación que tengo conmigo mismo y enfrentando mi miedo a que la gente crea que soy un perdedor que va a eventos sin acompañante.

Luego de leer una breve sinopsis en Internet, me quedó claro que a) era una monólogo interactivo que involucraba a la audiencia, lo que me sacaría aún más de mi zona de confort si me escogían para participar y b) apuntaba a ser una historia conmovedora.

Una vez en el teatro, debo admitir que me sentí un poco incómodo mientras hacía fila y no tenía ningún rostro familiar con quien entablar una conversación, una sensación que se extendió mientras buscaba mi lugar y me veía rodeado de parejas, amigos y hasta familias.

Sin embargo, mis nervios empezaron a desaparecer después de que Brays nos entregó notas que tenían un número y alguna «cosa extraordinaria» para leer en voz alta cuando te lo pidieran, la mía tenía el 997 y decía «pedalear en bajadaaaaa» (con repetición de la letra «a» incluida).

Esta característica de la obra también sirve para romper el hielo si te apetece socializar, ya que puedes preguntarle a los que están sentados a tu alrededor sobre la «cosa» que les tocó.

Intentando no hacer muchos spoilers sobre la trama, puedo decir que la obra aborda temas tan serios como el suicidio y la depresión pero con toques de humor y desde una perspectiva fresca, la de un niño de 7 años con una madre que ha intentado quitarse la vida.

Brays Efe en Las Cosas Extraordinarias
Brays Efe en Las Cosas Extraordinarias. Foto cortesía del Teatro Lara

Lo interesante es que somos testigos de cómo el niño va creciendo y su punto de vista con respecto a la depresión evoluciona, mientras escribe una lista con las cosas extraordinarias que, espera, le devuelvan a su madre las ganas de existir.

A lo largo de la obra, Brays invita a personas aleatorias del público a que se conviertan en alguno de los personajes y les dice los diálogos que tienen que decir y lo que deben hacer, va diciendo números de la lista y pidiendo objetos que, si bien pueden parecer aleatorios, dan sentido a los acontecimientos y te ayudan a meterte de lleno en la historia.

Desde el comienzo de «Las Cosas Extraordinarias» te preguntas cuándo tocará tu número y te mantienes a la expectativa, pero lo que me hizo sentirme más identificado con el personaje fue su conexión con la música.

Nos enteramos de los artistas que escuchaba su padre y aprendemos sobre lo increíble que puede ser para un amante de la música escuchar un disco por primera vez, uno de vinilo, notando la calidad del sonido cuando no está comprimido.

Otra referencia a la música en la obra tiene que ver con la voz de Ray Charles y como pronuncia la palabra «you» cuando canta, algo que el actor se atreve a imitar aunque asegura que no canta ni bien ni mal.

El personaje también afirma que no se puede entender las letras de las canciones pop sino hasta después de haberte enamorado, algo con lo que que, sin duda, estoy de acuerdo.

El guion es especialmente exitoso al abordar el tema del suicidio de muchas maneras. El personaje de Brays cita estudios que aseguran que los hijos de madres depresivas tienden a reaccionar de manera exagerada ante los hechos que no pueden controlar, explica las normas que los medios de comunicación deben seguir al hablar de un suicidio y hasta menciona la novela «Las penas del joven Werther» de Goethe, a la que se le atribuyen muchos suicidios que imitaban al personaje principal del libro entre 1947 y 1968 (cuando se convirtió en un bestseller), de ahí viene el término «efecto Werther» de la psicología.

No obstante, en ningún momento te da la sensación de que te están dando una clase de motivación de colegio o que estás leyendo un libro de auto-ayuda mal redactado.

«Las Cosas Extraordinarias» te invita a apreciar cada detalle de la cotidianidad, a agradecer por el día a día y a valorar tanto los pequeños como los grandes gestos.

La naturalidad con la que Brays adapta el personaje al entorno madrileño te hace pensar que un amigo te cuenta su vida, al punto que da igual que vayas a la función solo o acompañado, te sentirás en casa y querrás empezar tu propia lista de cosas extraordinarias tan pronto como te sea posible.

Además, si, al igual que yo, estás buscando mejorar tu relación contigo mismo y dejar de ver el vaso medio o completamente vacío, esta obra te mostrará que es normal que estés triste de vez en cuando, pero eres más que tu tristeza y, si prestas atención, siempre podrás encontrar motivos para sonreír.

PD. Me quedé con las ganas de hacerme foto con Brays, pero hice un par de amigos en el teatro.

Esta obra es una adaptación del monólogo original de Duncan Macmillan titulado Every Brilliant Thing y se puede ver en el Teatro Lara de Madrid hasta el 27 de marzo del 2020.

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